RENACIMIENTO

Una Segunda Oportunidad, Una y Otra Vez

por Dr. Ramesh Bijlani

Es el renacimiento lo que da al nacimiento de un ser incompleto en un cuerpo su promesa de plenitud y su significado espiritual.

Sri Aurobindo (‘La Vida Divina’, Edición SABCL, p. 764)

A menudo nos preguntamos: si todos nosotros tenemos un alma, que es una chispa de lo Divino, ¿por qué existe una gama tan amplia de carácter humano, desde el cruel hasta el compasivo, desde el avaro hasta el generoso, y desde el egoísta hasta el desinteresado? Esto puede ser explicado en términos de la medida en que la divinidad inherente en cada uno de nosotros se expresa. Además, Vedanta nos enseña que cada individuo está en un viaje similar mientras vive una vida humana en este mundo, siendo el propósito del viaje expresar una porción mayor de su divinidad oculta. Cada paso que una persona da hacia el cumplimiento del propósito de la vida la acerca más a la meta, que es expresar plenamente la divinidad. Acercarse a la meta también se llama crecer espiritualmente o elevarse en conciencia. Vedanta también nos asegura que el viaje puede no completarse, y generalmente no puede completarse, en una sola vida, pero eventualmente todos lo completarán en alguna vida posterior.

Cuando un alma se encarna por primera vez como ser humano, este ser humano se comporta apenas diferente de un animal; a veces incluso peor que un animal. En esta etapa la persona no es capaz de perseguir el verdadero propósito de la vida. Para él, el propósito de la vida es comer, beber y divertirse. Su vida consiste en actos aleatorios, realizados sin ninguna ponderación consciente de su implicancia para su nivel de conciencia. Pero aun así, el resultado neto puede ser que al final de la vida su conciencia esté en un nivel ligeramente más alto que el nivel con el que vino al mundo. Es solo después de varias vidas que llega al mundo en un nivel de conciencia con el cual es capaz de visualizar el verdadero propósito de la vida. Ahora ha evolucionado lo suficiente como para escuchar el llamado del cielo.

Imaginemos un árbol al que está atada, con una cuerda larga, una cierta persona. Detrás del árbol está escondido alguien amable, cariñoso y poderoso, tirando constante y lentamente de la cuerda  para que la persona finalmente se una al árbol. Pero la cuerda es tan larga que la persona puede correr libremente sin poder ver el árbol o sentir la atracción hacia él. Sus movimientos se realizan sin ningún sentido de dirección. Simplemente corre donde encuentra un objeto tentador o donde se siente buscado. Puede pasar toda la vida así, pero debido a que la cuerda es tirada lentamente, al final de la vida la cuerda se vuelve un poco más corta. Esto puede durar varias vidas. Cada vez que renace, lo atan a la cuerda que tiene el largo con el cual terminó su vida anterior. Esto continúa hasta que en alguna vida posterior, la cuerda es tan corta que puede ver el árbol y sentir el tirón. El árbol está cargado de frutos. Se siente atraído por el árbol. Comienza a caminar hacia el árbol. Usar su libre albedrío para alejarse del árbol crea tensión, mientras que caminar hacia el árbol alivia la tensión, por un lado, y trae alegría, por el otro. Por lo tanto, ya no usa su libre albedrío para perseguir objetivos frívolos. Ahora aspira a fusionarse con el árbol. Comienza a usar su libre albedrío para caminar hacia el árbol. Comienza a colaborar conscientemente con el Ser que lo ha estado tirando de la cuerda, hacia el árbol, durante varias vidas. Finalmente, está tan cerca del árbol que puede ver a aquél que lo ha estado tirando de la cuerda. Ahora se olvida de todo, incluso de la fruta del árbol, y se pierde en el éxtasis del abrazo poderoso de este Ser bondadoso y amoroso. Eso es unión con lo Divino. La unión con lo Divino no es solo el fin último de la vida, también es la meta del yoga.

Si bien perseguir el verdadero objetivo de la vida es algo natural para todos después de evolucionar a un cierto nivel a través de múltiples vidas, a menudo necesita un detonante. El factor desencadenante puede ser una crisis en la vida, un período prolongado de estrés intenso, un evento traumático repentino e inesperado o una “mano fuerte” que nos eleva. La “mano fuerte” puede aparecer a través de un encuentro “casual” con una persona inspiradora o al descubrir un libro que nos cambia la vida (¡como este!). Cuanto antes llegue el detonante, mejor. Aun así, es sólo una oportunidad. No todos usan el detonante como una oportunidad para darle a la vida una nueva dirección. La persona receptiva al detonante es aquella que ha llegado al mundo con un alto nivel de conciencia. En la vida de una persona así, el mejor momento para el factor desencadenante sería la infancia. Un padre, familiar o maestro inspirador puede convertirse en ese factor desencadenante cuya mano un niño receptivo sujeta con entusiasmo.

Comúnmente se cree que los «karmas positivos» conducen a «resultados positivos» y, por lo tanto, una persona que ha pasado esta vida haciendo buenas obras se sentirá más cómoda en esta vida y en las posteriores. Sí, los karmas tienen consecuencias y los buenos karmas tienen buenas consecuencias. Pero las «buenas consecuencias» pueden no ser necesariamente buenas en términos de la lógica humana. En términos espirituales, las “buenas consecuencias” son aquellas que conducen a un mayor crecimiento espiritual. Para una persona determinada, las condiciones físicamente cómodas pueden no ser las más propicias para un mayor crecimiento espiritual. El valor de las condiciones para el crecimiento espiritual depende del tipo de experiencias que puedan proporcionar. Todo crecimiento espiritual necesita una variedad de experiencias. El tipo de experiencias disponibles para una persona rica son diferentes de las disponibles para una persona pobre. Supongamos que una persona rica ha usado bien esta vida al compartir generosamente su riqueza con los pobres. Esta persona ha usado adecuadamente su experiencia de ser rico para el crecimiento espiritual. Para obtener otro tipo de experiencias, podría nacer pobre en la próxima vida.

A continuación verás un ejemplo del tipo de experiencias disponibles solo para una persona pobre. En la novela de Dominique Lapierre “La ciudad de la alegría”, una familia pobre de Bihar viaja a Kolkata en busca de trabajo. El hombre espera encontrar trabajo como conductor de rickshaw. Cuando este hombre, su esposa e hijos llegan a Kolkata, comienzan a buscar un lugar para quedarse.    

Para ellos, alquilar una casa es imposible; entonces, comienzan a buscar un lugar en una acera. En cada acera por la que pasan, ya hay muchas familias alojadas. Cuando las personas que ya ocupan la acera ven venir a esta nueva familia, se ponen a la defensiva: “Ya somos demasiados en esta acera. No hay lugar para otra familia. Por favor busquen otro lugar” Finalmente, estos recién llegados llegan a una acera donde descubren a alguien más considerado. Él persuade a sus compañeros para que cada uno se mueva un poco y así crear  un espacio para esta nueva familia. Al tomar la iniciativa en la creación de espacio para esta nueva familia, esta persona utilizó la experiencia para su crecimiento espiritual. Muchos otros antes que él tuvieron la misma oportunidad pero no la aprovecharon. El tipo de experiencia que brindó esta oportunidad está disponible solo para una persona pobre. Por lo tanto, una persona rica que ha hecho un buen progreso espiritual a través de buenos karmas puede ser una persona pobre en la próxima vida para que pueda obtener otro tipo de experiencias. Un rey cuyos karmas han sido buenos no nace necesariamente como emperador en la próxima vida; puede nacer pobre.

Sin embargo, después de un cierto grado de progreso espiritual, las «buenas» condiciones también están aseguradas en la próxima vida. En el Gita, Arjuna le pregunta a Krishna sobre el destino de la persona en el camino del yoga que no ha podido terminar el viaje espiritual. ¿No se perderá tanto la dicha de la espiritualidad como la emoción de los placeres sensoriales?, pregunta Arjuna (El Gita, 6:37-39). Krishna da una respuesta muy tranquilizadora, diciéndole que ningún paso dado en el camino del yoga es en vano. Una buena persona que no ha completado el viaje del yoga renace en la familia de los puros, de los prósperos o de los yoguis. En virtud de las prácticas y progresos de vidas pasadas, esta persona nace con ciertas inclinaciones y tendencias. Por lo tanto, toma el camino del yoga una vez más como un pez se sumerge en el agua y completa el viaje de la vida.

Como el resto del Vedanta, la idea del renacimiento también se basa en las experiencias de los rishis. Nos resulta difícil creer en el renacimiento porque la mayoría de nosotros tenemos una conciencia mental que ignora las vidas pasadas que hemos vivido. La idea del renacimiento se vuelve aún más aceptable porque hay algunas personas únicas que nacen con habilidades psíquicas que les permiten recordar una porción de algunas de sus vidas anteriores, y los detalles que han dado han sido verificados. La razón por la que la Divinidad nos ha dado el conocimiento de vidas anteriores a algunos de nosotros es quizás para convencer al resto de que el renacimiento es una realidad. El hecho de que lo Divino no nos haya dado este conocimiento a todos, quizás sea bueno para nosotros. A un niño que comienza desde cero le resultará más fácil progresar en la escuela que a uno que viene con el equipaje de muchos conocimientos irrelevantes y no deseados. La Tierra es como una escuela, donde estamos destinados a crecer espiritualmente a través de las experiencias en esta vida. Por lo tanto, llegar con el conocimiento innecesario de vidas anteriores hará que aprender de esta vida sea aún más difícil.

Pensamientos Finales

Vivir conscientemente, teniendo siempre en mente el propósito de la vida, nos ayuda en esta existencia dándonos salud, felicidad y satisfacción, y también nos ayuda en la próxima existencia dándonos una ventaja inicial. Los sabios que son capaces de alcanzar el fin último de la vida en una sola existencia son aquellos que han realizado mucho trabajo interior en vidas anteriores, y solo necesitan unos pocos toques finales en esta vida. Si una persona cree o no en el renacimiento no hace mucha diferencia. Lo más importante en ambos casos es aprovechar al máximo esta vida, que no es una cuestión de creencias sino una realidad para todos nosotros. La creencia en el renacimiento no debería volvernos complacientes porque “hay muchas vidas disponibles”. Con esa actitud, es posible desperdiciar cada existencia que conseguimos. No obstante, la creencia en el renacimiento nos permite aliviar la ansiedad sobre el objetivo final, porque la idea del renacimiento nos asegura que esta vida no es el final. Tendremos una segunda oportunidad, una y otra vez. Sin embargo, cuanto mayor es el trayecto que cubrimos en esta vida más felices somos, más cerca estamos de la meta cuando comenzamos la próxima vida en la tierra, y más felices somos dondequiera que estemos entre una existencia terrenal y la siguiente.

Traducido por NB Traducciones.

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