ECUANIMIDAD

La Ecuanimidad proviene de la Aceptación

por Ramesh Bijlani

Igual con el amigo y el enemigo, con el honor y el deshonor, con el frío y el calor, con el placer y el dolor, aquél que, libre de apego, es ecuánime ante la alabanza y el reproche, aquél que calla (refrenado en el habla), contento con lo que venga, sin apego a ningún hogar, de mente firme, lleno de devoción, es apreciado por Mí.

El Gita (12:18-19)

Cuando estamos molestos por un acontecimiento adverso, deseamos poder controlar nuestros sentimientos y mantener la calma. Tendemos a pensar en alguien que permanece siempre tranquilo y en paz, y desearíamos poder emularlo. La ecuanimidad es una cualidad muy útil para cultivar porque cuando estamos enojados, perdemos la capacidad de pensar con claridad, y por lo tanto generalmente terminamos haciendo el ridículo. Por otro lado, cuando estamos tristes, deprimidos o preocupados, nos torturamos sin producir ninguna diferencia en la situación. Una respuesta constructiva a las circunstancias adversas sólo es posible en un estado de ecuanimidad. En general, a una edad temprana tenemos un temperamento volátil. Las inevitables vicisitudes de la vida nos otorgan cierta inmunidad al impacto emocional de futuros altibajos. Por lo tanto, el envejecimiento generalmente se asocia con una creciente ecuanimidad. Como corolario, la ecuanimidad se considera un signo de madurez. Además de la madurez, la ecuanimidad también proviene de la indiferencia filosófica. La filosofía nos brinda una mayor comprensión de la vida y, a partir de ello, adquirimos la capacidad de aceptar las vicisitudes de nuestra existencia con calma y serenidad. Más allá de cierto punto, dejamos de preocuparnos por lo que está pasando, nos volvemos indiferentes a las fluctuaciones de los sucesos. En cierta medida, la ecuanimidad puede ser simplemente fingida. Una persona puede experimentar una tormenta furiosa por dentro y, sin embargo, mantener un semblante exterior imperturbable. Tal ecuanimidad, lograda mediante la supresión de las emociones, puede hacernos socialmente más aceptables pero, puede provocarnos una enfermedad como presión arterial alta o una úlcera en el estómago. Por lo tanto, la ecuanimidad es una cualidad heterogénea, lograda a través de diferentes caminos y con diversas implicancias. Sin embargo, el mejor tipo de ecuanimidad, en el que la persona está en paz tanto por dentro como por fuera, proviene de la espiritualidad.

La ecuanimidad espiritual tiene tres niveles. En el primer nivel, la ecuanimidad se basa en aceptar todo lo que sucede como expresión de la voluntad divina. Esta es una aceptación a regañadientes, porque hace que Dios se vea como un dictador que puede hacer lo que sea, lo que quiera, y tenemos que reconciliarnos con eso porque no hay otra opción. El próximo nivel de ecuanimidad proviene de aceptar cualquier cosa que suceda como una expresión no solo de la voluntad divina sino también de la sabiduría divina. Dios no solo es todopoderoso, también es todo sabiduría. Si en Su Suprema Sabiduría ha hecho algo, debe haber algo bueno en ello. Si no veo nada bueno en lo que ha pasado es por mis propias limitaciones. El futuro me mostrará lo que tiene de bueno; pero por el momento, puedo vivir con la ignorancia porque confío en la sabiduría de Dios. Supongamos que voy a ver una película, pero llego tarde a la sala. Cuando llego, encuentro que el héroe sufre mientras el villano se divierte. Entonces, pierdo las ganas de verla y me vuelvo criticando la película. Si hubiera visto toda la película, al final el héroe habría conquistado a la heroína y el villano habría muerto o hubiera estado tras las rejas. Nuestra vida también es como un largometraje. En esta película, gran parte del pasado lo hemos olvidado y sobre el futuro no sabemos nada. Miramos algunos episodios recientes y nos sentimos desdichados. Aquel que está guiando nuestra vida sabe cómo llevarnos hacia nuestro destino final, y si eso requiere algún sufrimiento, Él también lo dispone para nosotros. Con esta actitud, es más fácil aceptar todos los acontecimientos con ecuanimidad. Finalmente, el nivel más alto de aceptación espiritual avanza un paso más y dice: “Acepto lo que ha sucedido porque es una expresión de la voluntad y la sabiduría divinas. Dado que la sabiduría divina también está detrás de esto, debe haber algo bueno en ello. No sé todo lo que hay de bueno debido a mis limitaciones. Pero sé de al menos una cosa que es buena al respecto. Es una oportunidad para mi crecimiento espiritual, que es el propósito de la vida humana. Es porque Dios me ama que me ha dado esta oportunidad de dar unos pocos pasos hacia el propósito de mi vida.”

Así, en la espiritualidad, la persona cree que todos los acontecimientos y circunstancias son expresión de la voluntad, la sabiduría y el amor de Dios. Por lo tanto, acepta todo lo que sucede, ya sea agradable o desagradable, con el mismo equilibrio interior. Esta actitud al aceptarlos es idéntica porque todo en la vida, ya sea agradable o desagradable, es una oportunidad para el crecimiento espiritual. Es idéntica también porque la persona sabe que necesitamos una mezcla de eventos agradables y desagradables para aprovechar la oportunidad. Si fuera todo bien en la vida, estaríamos tan absortos que podríamos olvidar su propósito. Si todo saliera mal, estaríamos tan deprimidos que tendríamos ganas de suicidarnos. Es por eso que necesitamos una mezcla de frío y calor, victoria y derrota, alabanza y crítica, éxito y fracaso. La igualdad va un paso más allá de la ecuanimidad. La persona no solo no está molesta, sino que está feliz, más bien en paz, incluso en circunstancias adversas. Ser igualmente feliz en todas las circunstancias es la variedad más pura y elevada de ecuanimidad o samatva. Es por eso que Sri Aurobindo ha traducido samatva como «igualdad» en lugar de ecuanimidad.

(Ensayos relacionados: Ira, Dualidades, Igualdad, Pensamiento positivo, Entrega)

Publicado como blog en Speaking Tree el 20 de febrero de 2015.

Traducido por NB Traducciones.