SINCERIDAD

La Única Virtud Que Es Suficiente

por Ramesh Bijlani

Sinceridad significa más que honestidad. Significa que dices lo que piensas, sientes lo que profesas, eres verdadero en tu voluntad.

SRI AUROBINDO

Cuando terminamos una carta con «tuyo sinceramente», esto es casi un acto reflejo. Raramente pensamos en lo que significa, cuán difícil es ser sincero y, por lo tanto, cuán rara es la sinceridad total. En los asuntos cotidianos, comunes y corrientes, la sinceridad significa decir lo que pensamos y hacer lo que decimos. La sinceridad implica ausencia de toda pretensión. La falta de sinceridad es una forma sutil de engaño. Al igual que la caridad, la sinceridad comienza en casa. Primero tenemos que aprender a ser sinceros con nosotros mismos. Supongamos que fumo y decido dejar de fumar. Lo que determina mi éxito es cuán sincero soy sobre el deseo de dejar de fumar. Es probable que la falta de sinceridad se exprese a través de razones: quiero dejar de fumar, pero ‘mi vida está llena de estrés’, ‘dejar de fumar es muy difícil’, ‘mi fuerza de voluntad es débil’, ‘mis amigos no me dejan hacerlo’, y así sucesivamente. Si soy sincero, consideraré todas estas razones como meras excusas, y desarrollaré la fuerza de voluntad para superar todas estas dificultades.

La sinceridad es aquello indispensable también en el camino espiritual. Por lo general, sabemos qué hacer o evitar mientras estamos en el camino espiritual. La sinceridad nos ayuda a poner en práctica el conocimiento. Un gramo de práctica equivale a un kilo de conocimiento. De hecho, aquél que tiene el conocimiento pero no lo traduce en la práctica, se considera mucho peor que aquél que comete los mismos errores porque no tiene el conocimiento. Examinemos el papel de la sinceridad en los tres pilares de la sadhana: aspiración, rechazo y entrega.

La aspiración por el crecimiento espiritual debe ser sincera. La sinceridad de la aspiración significa que yo debería estar interesado en lo Divino por lo Divino mismo, no por la satisfacción del ego o por algunos deseos mundanos, o como pretexto porque la espiritualidad es lo popular entre los ricos y los que están a la moda. La aspiración espiritual no es un asunto casual; tiene que ser intensa. Su intensidad debería ser similar a la intensidad con la que una persona que se está ahogando desea el aire. La sinceridad le otorga intensidad a la aspiración. El camino espiritual está lleno de dificultades y dilemas; barreras, obstáculos y escollos, que pueden debilitar o incluso destruir la aspiración. La sinceridad otorga perseverancia a la aspiración. El camino espiritual es largo y no hay atajos. El aparente viaje interminable puede acabar desgastando la aspiración. La sinceridad otorga paciencia a la aspiración. El progreso espiritual no es un proceso lineal que, una vez comenzado, avanza a un paso constante. Hay períodos de progreso rápido seguidos de largos períodos de estancamiento e incluso retroceso. La sinceridad otorga calma a la aspiración.

El rechazo requiere decir «no» a todo aquello que pueda hacer descender el nivel de conciencia. La voz interior, que emana del ser psíquico, nos muestra claramente a qué decir «no». Pero aquello que se nos dice que rechacemos puede ser muy tentador, cómodo y familiar. Estimaciones de ganancias y pérdidas materiales seguramente proporcionarán muchas razones por las cuales la voz auténtica del ser psíquico debiera ser ignorada o suprimida. Para rechazar lo que nos puede desviar del camino espiritual, por lo tanto, se necesita un fuerte compromiso. La sinceridad nos da el compromiso inquebrantable de rechazar de manera fácil, voluntaria y feliz lo que deba ser rechazado.

La entrega es una subordinación voluntaria de la voluntad personal a la Voluntad Divina. El intelecto conoce muchos trucos para ignorar, subvertir y torcer la Voluntad Divina, e incluso para hacer que la voluntad personal se parezca a la Voluntad Divina. La sinceridad nos protege de caer presos de estos trucos. La entrega es imposible sin sinceridad.

En síntesis, la sinceridad sostiene y nutre la llama de la aspiración, el fuego de la purificación y la dulzura de la entrega.

Incluso cuando una persona es capaz de superar el apego a los placeres sensoriales, a todas las emociones negativas, y las consideraciones de ganancias y pérdidas materiales, la sinceridad puede corromperse al perseguir beneficios “de otro mundo”, y beneficios “no mundanos en este mundo”. Desear discípulos en una docena de países o millones de seguidores en las redes sociales es tan egoísta como querer ser millonario. Incluso el deseo de un rápido crecimiento espiritual, o la curiosidad por monitorear el progreso espiritual, son expresiones refinadas del ego, y en realidad ralentizan el progreso al corromper la sinceridad. Como ha dicho la Madre, “el esfuerzo por el progreso debe hacerse por el amor al esfuerzo por el progreso. … … Tan pronto como pensamos en el resultado, comenzamos a negociar y eso elimina toda la sinceridad del esfuerzo».

Lleva tiempo cultivar la sinceridad total. Pero una persona en el camino espiritual no debiera ser, al menos, «esencialmente falsa», para usar una expresión de Sri Aurobindo. Ser consciente de la falta de sinceridad es en sí mismo un paso hacia adelante, porque implica un deseo de deshacerse de la falta de sinceridad. Una persona que ni siquiera es consciente de su falta de sinceridad no es, según la Madre, falsa sino malintencionada, ya que la sinceridad le es un concepto ajeno.

La Madre ha llamado a la sinceridad «la llave de las puertas divinas». Lo Divino está dentro de nosotros, así como a nuestro alrededor y, sin embargo, no lo vemos porque «una puerta cerrada» nos oculta lo Divino. La analogía que compara la sinceridad con la llave que puede abrir las puertas dice mucho. Como una llave, la sinceridad hace fácil lo que de otro modo sería difícil. Como una llave, la sinceridad abre la puerta silenciosamente. Como una llave, la sinceridad abre la puerta a lo Divino desde adentro, en lugar de hacerlo golpeando la cerradura desde afuera. El acercamiento a lo Divino implica un trabajo interno sincero y silencioso. El trabajo consiste en escuchar atentamente el diálogo entre la mente, el corazón y el alma; y cuando hay un conflicto, actuar en base a la voz del alma. El trabajo también consiste en utilizar la inquietud que le sigue a cada equivocación como una oportunidad para una sincera revolución interior que culmine en la determinación de ser sincero en el futuro. Por ello, la sinceridad es indispensable para el crecimiento espiritual. Como lo ha resumido la Madre, «La sinceridad es la salvaguarda, la protección, la guía y, finalmente, el poder transformador».

Traducido por NB Traducciones.

(Ensayos relacionados: Aspiración, Ser psíquico, Rechazo, Crecimiento espiritual, Entrega)